Opinión

Informe PISA pone bajo la lupa los desafíos de la educación en Panamá

Informe PISA pone bajo la lupa los desafíos de la educación en Panamá

Por Redacción Panamá Check

El desempeño de los estudiantes, las brechas de aprendizaje y las desigualdades en el acceso a una educación de calidad continúan siendo algunos de los principales desafíos del sistema educativo panameño. En este escenario, las evaluaciones internacionales como PISA permiten analizar las competencias de los jóvenes y comparar los resultados con otros sistemas educativos.

El Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), desarrollado por la OCDE, mide principalmente las capacidades de estudiantes de 15 años en áreas como lectura, matemáticas y ciencias. Más allá de las calificaciones, la evaluación permite conocer qué tan preparados están los jóvenes para aplicar sus conocimientos a situaciones de la vida cotidiana.

Para Panamá, los resultados obtenidos históricamente han evidenciado retos relacionados con el aprendizaje y las diferencias existentes entre distintos grupos de estudiantes. Factores como el nivel socioeconómico, la ubicación geográfica, el acceso a tecnología y las condiciones de los centros educativos pueden influir en las oportunidades de aprendizaje.

Las brechas entre escuelas urbanas y rurales representan otro punto de atención, especialmente en comunidades indígenas y zonas con mayores dificultades de acceso a infraestructura, conectividad y recursos educativos. La pandemia también profundizó algunos de estos desafíos debido a las interrupciones en las clases presenciales y las diferencias en el acceso a herramientas digitales.

PISA no se limita a medir conocimientos académicos. La evaluación también recopila información sobre el entorno de los estudiantes, sus condiciones socioeconómicas, el clima escolar y otros elementos que permiten comprender las causas detrás de las diferencias en el rendimiento.

El debate adquiere especial relevancia luego de la decisión de Panamá de no participar en la edición PISA 2025. La ausencia limita la posibilidad de contar con una nueva medición internacional comparable que permita observar la evolución del aprendizaje y determinar cuánto se ha avanzado frente a las brechas identificadas anteriormente.

Más allá de una posición en un ranking, el desafío para Panamá está en utilizar las evaluaciones educativas como herramientas para tomar decisiones. Identificar dónde se encuentran las mayores dificultades es apenas el primer paso; convertir esa información en políticas que mejoren el aprendizaje, reduzcan las desigualdades y preparen a los estudiantes para el futuro sigue siendo la tarea pendiente.